Pues nada, que tras escuchar unas, para mí, poco afortunadas palabras sobre los sindicalistas, he vuelto a hacer mi propia memoria histórica. Y de paso, hacerle un poquito (más) de caso a Lebiram.
Padre, al que tanto quiero y admiro, fue delegado sindical en sus tiempos de trabajador. Ahora, con 61 años, lleva 8 jubilado por enfermedad. La menos grave de las que han desarrollado todos los trabajadores de aquella fábrica. A los 53 años, abandonó la empresa en la que dejó 30 de trabajo, reconocidos con un reloj de oro y con la frase. "Márchate de aquí, lo tuyo aún tiene solución"
Recuerdo huelgas, manifestaciones, noches sin dormir, tensión, a Madre haciendo malabarismos con las cuentas y las pesetas el mes en el que Padre, por reivindicar sus derechos, no cobraba. Hermana y yo éramos aún unas niñas pero sabíamos que algo estaba pasando. Padre luchaba por sus derechos y los de sus compañeros, acudiendo a reuniones con la empresa. Reuniones que siempre acababan a horas intempestivas y que no dejaban que disfrutásemos de nuestro papá como a nosotras nos hubiese gustado. Reuniones para negociar un Estatuto que les dejase morir con dignidad. Porque donde trabajaba mi padre, el amianto se acumulaba por montones en las esquinas. Y el amianto es cancerígeno. Y mata.
Bronquitis crónica, asbestosis, engrosamiento pleural, mesotelioma... son palabras con las que he convivido toda la vida. Mi madre lavaba el mono gris de mi padre junto con los uniformes azul marino míos y de mi hermana. Nadie nos dijo jamás que ese mineral azul que mi padre y sus compañeros manipulaban con las manos desnudas y a cara descubierta, mataba. Ni a nosotros ni a ellos.
La semana pasada, Padre acudió al entierro del penúltimo de sus compañeros muertos por asbestosis. Ha perdido ya la cuenta de los que han caído. Compañeros con los que íbamos a las excursiones que subvencionaba el comité de empresa al que mi padre perteneció tantos años, con los que jugaba al mus o a la calva en las reuniones de aquel comité que luchó por los derechos de aquellos trabajadores que día tras día y durante más de 30 años, inhalaban fibras de amianto. Y por los que sólo ellos, los delegados y representantes sindicales a los que hoy tachan de vividores, luchaban.
Pero claro, como dije el otro día, de esto hace ya muchos años...
P.D. Para más información: Asociación de Victimas del Amianto